
DAFNE
(A Emilio Orozco)
Ya me tienes crecida: rama, altura
de mis dos brazos, arco en desenlace.
Enamorada voz se me deshace,
y es viento acariciando mi espesura.
Ya mi carne -esperanza-, por más dura
presencia de corteza me renace.
Aquí, donde mi sangre inútil yace,
muda savia levanta mi figura.
A tiempo no llegaste, que pudiera
evitarme tu prisa este sonido,
verde rumor de manos transformadas
en hojas de constante primavera.
Ya me miras cumplida. Lo que he sido
aves te lo dirán y desveladas.
HOMENAJE A JORGE GUILLÉN
GINKGO BILOBA
(Árbol milenario)
Un árbol. Bien. Amarillo
de otoño. Y esplendoroso
se abre al cielo, codicioso
de más luz. Grita su brillo
hacia el jardín. Y sencillo,
libre, su color derrama
frente al azul. Como llama
crece, arde, se ilumina
su sangre antigua. Domina
todo el aire rama a rama.
Todo el aire, rama a rama,
se enciende por la amarilla
plenitud del árbol. Brilla
lo que, sólo azul, se inflama
de un fuego de oro: oriflama.
No bandera. Alegre fuente
de color. Clava ascendente
su áureo mástil hacia el cielo.
De tantos siglos su anhelo
nos alcanza. Luz de oriente.
Amarillo. Aún no imagina
el viento, la desbandada
de sus hojas, ya apagada
su claridad. Se avecina
la tarde gris. Ni adivina
su soledad, esa tristeza
de sus ramas.
Fue certeza,
alegría -¡otoño!-. Faro
de abierta luz.
Desamparo
después. ¿Dónde tu belleza?
