
DESEAR HACER UN VERSO
Desear hacer un verso
qué iluso deseo es.
Mas para así, se desea
verle delgado en la página
vivir, como se desea
contemplar una raíz
viviendo bajo la tierra
o como contemplar cómo
se mueve un alga en el fondo
del mar. Tan sólo un estúpido
puede
desear hacer un verso.
Un verso, que no se hace,
que está hecho ya, que se mueve
desde hace ¿qué siglos? Dentro
de esta arcilla tan antigua,
de esta sangre que es de otros
idos
que ayer sintieron el verso
vivir como una raíz
o moverse como un alga
pero que no lo dijeron.
Porque el verso es la raíz a la que la copa ignora
y de la que es fundamento,
o es alga que siente el mar
sin quererlo y le demuestra que posee sentimiento; algo que jamás se hace,
que lo entiende cual sustento
de sí mismo el corazón;
que lo siente restallando
largo, fino, ignoto el alma.
Desear hacer un verso
qué iluso deseo es
¡si es el que nos hace el verso!
ASÍ, PRENDIDO...
Así, prendido de la espesa rama
como a nuevo Absalón me viste atado.
Oh espesa rama que me tiene alzado
a un viento vivo que ternuras brama.
Oh viento! ¡Oh toro! ¡Oh llanto! ¡Oh luna! ¡Oh llama!
que a mi cuerpo con saña has castigado;
ya como vaso, de dolor sobrado,
mi corazón sangrando se derrama.
¿De qué torturas dulces eres río,
árbol crecido en tierras de desvío,
cielo con ramas de sutil locura?
Espero muerte viva, fuego frío,
de tu lanza de fino desvarío;
clavado corazón: dicha insegura.
Y LA VIDA
Y la vida, la vida es un instante
mas cual millones de mayos perdura,
cae pronto y se levanta
pronto. No es un olvido.
Quien ve amanecer ve lo bastante;
una luz, el rocío,
ese Dios que ahora calla
dentro. No es un olvido.
Un instante lo es todo si oscurece.
Quien ve oscurecer contempla como
la muerte de una rosa que no muere
nunca. No es un olvido,
es un rostro que ciego ve una flor.
